La rápida expansión del mundo digital ha dado pie a que gran parte de los activos que una empresa posee sean de carácter puramente cibernético. Los datos, los procesos digitalizados o los sistemas de comercialización online son elementos clave en cualquier compañía actual. En este contexto, es importante comprender que más allá de los innumerables beneficios que está aportando la digitalización a la economía y la sociedad, también genera importantes riesgos. El alcance de las posibles pérdidas es cada día mayor, pues una violación de los activos intangibles de una empresa podría provocar incluso la interrupción del negocio.

Pero un peligro es siempre, a su vez, una oportunidad: las aseguradoras empiezan a detectar en este riesgo cibernético un nicho de negocio de gigantescas dimensiones. Si bien es cierto que a día de hoy la concienciación en torno a los riesgos cibernéticos está en una fase embrionaria de desarrollo, y que son pocas las empresas que actualmente contraten ciberseguros para proteger sus activos digitales, no cabe duda de que esta es una situación temporal producto de las distintas velocidades a las que avanza la tecnología y la sociedad. Coincidimos con los expertos en la materia en señalar que nos dirigimos hacia la generalización de los sistemas de protección y aseguramiento de los activos digitales.

La primera fase del proceso es el aumento de la inversión en tecnología de seguridad, es decir, el factor preventivo. Es en este ámbito en el que el desarrollo actualmente es mayor. Pero paralelamente están emergiendo nuevos seguros de tipo cibernético, que cubren el riesgo directamente derivado de la existencia de activos digitales, un riesgo que a día de hoy, mayoritariamente, están asumiendo las propias empresas.

La exploración de este nicho de mercado no es una posibilidad futura, sino una realidad en auge. Así lo demuestran los datos: en 2014, el valor de las pólizas de riesgos cibernéticos suscritas a nivel mundial era de 2500 millones de dólares. Este año, se prevé que alcance los 4300 millones, un crecimiento del 72%. En 2020, el valor alcanzará la friolera de 7500 millones, un aumento del 300% en 6 años. Una tendencia en auge que reportará beneficios millonarios a las aseguradoras que sepan aprovechar la oportunidad.

El ámbito particular de los ciberseguros más desarrollado es el de pólizas sobre la pérdida de ingresos debida al robo de datos. En 2015, el 63% de las empresas globales contaban ya con un seguro de este tipo, y más de la mitad de las que no lo hacían, pretendían contratarlo durante el próximo año. Sin embargo, es fundamental detenerse brevemente sobre esta situación, para comprenderla en su complejidad. Y es que, por una parte, existe una brecha entre las pequeñas y medianas empresas y las grandes. Solo el 3,8% de las compañías con ingresos inferiores a 2,5 millones de dólares anuales tenían un ciberseguro para los datos que poseyeran, mientras que el porcentaje ascendía el 25,9% en el caso de las empresas cuyos ingresos superaban los 5 mil millones. La otra consideración es que los ciberseguros sobre robo de datos son solo un producto específico dentro del gigantesco nicho de mercado de los seguros cibernéticos, por lo que no podemos reducir su potencial a la realidad de esta cobertura, aun siendo la más extendida.

El mercado de los seguros cibernéticos se está expandiendo más allá de los primeros productos que se generaron en este espacio de demanda. Expertos del sector y compañías como Swiss Re señalan que las empresas están interesándose en coberturas específicas relacionadas con los ciberriesgos. Las estimaciones de crecimiento interanual varían entre el 15% y el 20%, pero existe consenso en torno a la irrenunciable oportunidad que supone este fenómeno.

La demanda está servida. No obstante, y como suele suceder en este contexto de continua transformación de los hábitos de consumo, el problema reside en la capacidad para adaptar la oferta, es decir, en la inflexibilidad y lentitud de las aseguradoras a la hora de dar respuesta al surgimiento de nuevas necesidades. En 2016, solo el 46% de las compañías de seguros cubrían algún tipo de riesgo cibernético, y solo en dos tercios de ellas dicha cobertura era un producto específico en sí mismo. Además, muchos de los productos que se ofrecen a día de hoy en el mercado son insuficientes, con coberturas muy reducidas cuyos límites son demasiado bajos para cubrir las enormes pérdidas que podría causar un evento cibernético, y con ámbitos de cobertura excesivamente reducidos, excluyéndose así elementos fundamentales como el riesgo de reputación, el robo de propiedad intelectual o el espionaje industrial. Aun así, la tendencia está cambiando y, poco a poco, se ofertan pólizas más completas, que cubren de mejor forma las necesidades de las compañías.

En conclusión, creemos que el riesgo asociado a los activos digitales es un nicho de mercado gigantesco que las aseguradoras pueden y deben aprovechar si no desean renunciar a unos 4000 millones de dólares en ingresos en 3 años, que es el crecimiento previsto hasta 2020. La demanda es cada vez mayor, y seguirá creciendo impulsada por la necesidad objetiva propia del contexto económico en el que vivimos, pues ninguna empresa podrá permitirse asumir por sí misma el riesgo derivado de los activos digitales, que afecta a su supervivencia misma, y que crece día a día con la digitalización de la economía. El factor fundamental, pues, está en la oferta: las aseguradoras deben, urgentemente, estudiar en profundidad el ámbito de la ciberseguridad y generar productos adecuados para los riesgos que este engendra. Aquellos actores que sean capaces de realizar esta tarea exitosamente, podrían observar un crecimiento espectacular de su cuota de mercado, frente a una competencia ajena al surgimiento de nuevas demandas.