Es fin de semana. Un hombre se encuentra descansando en la casa de campo que ha alquilado a través de Airbnb. Se levanta y busca las zapatillas que compró hace unos días a través de Amazon Prime Air y que le entregó un dron en la puerta de su casa. Antes de salir a correr, accede a Uber y solicita que lo recojan para ir a almorzar. Durante todo ese tiempo, su Fitbit ha estado registrando su ritmo cardiaco y hábitos alimenticios –importante para mantener el descuento de su póliza de salud–. A la hora indicada, llega el vehículo autónomo de Google con tres personas más a bordo. Y todo esto desde su móvil.

Todo esto pertenece al nuevo paradigma del consumidor digital, basado en la economía del uso y la economía colaborativa. Son las tendencias que están redefiniendo la sociedad tal y como la conocemos. Solo la economía colaborativa alcanzará los 40 millones de usuarios en Estados Unidos en el año 2020. Así pues, no cabe duda de que estas transformaciones tendrán un poderoso impacto en los diferentes sectores, entre ellos, el asegurador.

Pero, ¿por qué está teniendo tanto éxito la economía colaborativa? ¿Por qué la economía de la experiencia está definiendo una nueva forma de consumo? ¿Por qué es importante que las compañías de seguros tengan presentes estos elementos?

Fundamentalmente, porque se estima que en 10 años la generación de los millennials representará el 75% del mercado laboral mundial. No sólo eso, sino que además esta generación es la mayor de la historia de Estados Unidos, representando a un total de 92 millones de personas.

Fuente: Goldman Sachs

Esta generación presenta unos rasgos que la hacen más propensa a aceptar la economía colaborativa. Están acostumbrados a controlar el mundo desde su smartphone, a la absoluta inmediatez, quieren una experiencia excelente al instante, y todo de forma simple y digital. Es un nuevo perfil de consumidor muy alejado de la oferta clásica de las grandes empresas.

Según un estudio realizado por Goldman Sachs, el 30% de los millennial declaran que no tienen intención de comprarse un coche y un 25% sólo lo haría si fuera necesario. La economía colaborativa se presenta como una respuesta a esta forma de ver el mundo. Si tenemos en cuenta que en el mercado español el 80% de los hogares tiene contratada una póliza de automóvil –siendo el ramo que cuenta con la mayor ratio de contratación–, parece obvio que aquellas aseguradoras que no se preparen para esta nueva forma de consumir verán significativamente reducida su cuota de mercado.

Uno de los casos de éxito más conocido de la intersección entre la tecnología, consumidor millennial y el sector asegurador es el programa Vitality, de la aseguradora surafricana Discovery. En este programa, aparte de la póliza de salud, la compañía entrega a su asegurado un reloj inteligente para monitorizar la actividad física de sus clientes. A cambio de usarlo, obtienen no solo un paquete adicional de beneficios –promociones en almacenes de ropa deportiva y comida saludable o billetes de avión–, sino además descuentos de hasta el 30% en el valor del seguro en función de lo saludable que sea la vida del usuario. Con este modelo, la compañía no solo está logrando una reducción significativa de las reclamaciones futuras, sino que fideliza al cliente y contribuye a mejorar la imagen de su marca. Es el ejemplo más claro de economía de la experiencia en el sector asegurador.

Pero como señalábamos anteriormente, esta revolución no se circunscribe a ningún mercado en particular. Si nos fijamos en el ranking de startups clasificadas por su valor en dólares americanos, el puesto número uno es para Uber, competidora de las compañías de transporte, y en cuarto lugar está Airbnb, que compite con el sector hotelero. Ambas startups están íntimamente relacionadas con la economía colaborativa y la economía de la experiencia.

En este contexto, la oportunidad para el sector asegurador es doble. Como aspecto principal, las tendencias disruptivas anteriormente citadas pueden -y deben- ser incorporadas al modelo de negocio de las empresas de seguros con tal de adaptarse al nuevo entorno digital; pero como aspecto secundario, el hecho de que aparezcan nuevas formas de consumo genera intrínsecamente nuevos riesgos, que las aseguradoras pueden aprovechar para aumentar su negocio.

El ejemplo es la economía colaborativa. A pesar de la clara ventaja que ofrecen estos servicios al permitir a las personas conectarse directamente entre sí para alquilar coches o habitaciones, los propietarios no pueden confiar en que el seguro de vivienda cubra los daños causados por usuarios, ya que estas pólizas sólo se aplican a los perfiles de riesgo de los propietarios, no a sus invitados. Los propietarios pueden contratar pólizas de propietario, pero son extremadamente costosas para alguien que sólo alquila una habitación un par de veces al año. Ante esta coyuntura, Airbnb, por ejemplo, protege a los anfitriones en caso de que algún huésped haya causado desperfectos en la vivienda que no cubra su seguro, por un importe de 800.000€ como máximo. Pero, el programa de Garantía al anfitrión no cubre el dinero en efectivo, los títulos financieros, los artículos de colección, las obras de arte, las joyas, las mascotas ni la responsabilidad civil. Uber, por su parte, también ofrece un seguro de viaje, pero esta cobertura se basa en la expectativa de que el conductor tendrá su propia póliza personal o comercial.

En respuesta a esto, han ido surgiendo startups como Slice, que desarrolla una póliza de pago por uso para los conductores de Uber y LYFT que les cubrirá desde el momento en que enciendan su aplicación de rideshare hasta que la apaguen. Además, también están desarrollando un producto dirigido a los anfitriones de homesharing: una póliza que dura el período de tiempo que el usuario actúa como negocio.

De hecho, en julio, Munich Re, la actual reaseguradora líder mundial, se aliaba con Slice Labs para el lanzamiento de la primera plataforma del mundo de seguros a la carta, de forma que el servicio y el procesamiento de las solicitudes estarían a cargo de Slice, mientras que las normas de suscripción serían establecidas por Munich Re. Un ejemplo óptimo de colaboración entre actores emergentes y tradicionales.

Por otro lado, la startup española Traity ha lanzado su producto Kevinsured.com, un chatbot llamado Kevin que analiza los perfiles sociales del comprador y el vendedor en una transacción P2P para garantizar que no habrá fraude. Así pues, el comprador y el vendedor tendrán que hablar con el bot Kevin, explicando el tipo de operación que se realizará. Usando los algoritmos de Traity, se comprobará la reputación de ambos para evitar falsas identidades, y una vez aprobados se creará una garantía contra el fraude realizando un seguro digital gratuito que cubre hasta un total de 100€ en caso de fraude, estafa, robo, productos defectuosos, etc. Con esto, Traity trata de abrir un nuevo capítulo en la relación con el cliente, que lo verá como un servicio asegurador que lo acompaña en su viaje.

KevinAPI también estará disponible para que los mercados P2P puedan obtener un seguro para sus productos y servicios. En última instancia, Kevin es más un protocolo que un bot. El enfoque chatbot es simplemente una forma muy sencilla de conectar con el cliente.

Asimismo, debemos mencionar el caso de Sharenjoy, una startup española que distribuye microseguros colaborativos y experienciales para eventos de entretenimiento. Se trata de pólizas con precios muy reducidos, que cubren al cliente durante el transcurso del evento y el tiempo previo: cualquier accidente, la cancelación del vuelo, el retraso del medio de transporte… Cualquier cosa que impida al cliente asistir al evento para el que contrató la póliza. Pero, a diferencia de cualquier otro seguro tradicional, la indemnización se entrega en forma de experiencia: un viaje con alojamiento y dos entradas para el siguiente evento de entretenimiento de similares características para el siniestrado y un acompañante, todo pagado por la aseguradora. Este es otro ejemplo óptimo de colaboración entre actores emergentes y tradicionales, pues Sharenjoy mantiene una relación comercial con la Caser Seguros, por la cual la startup sirve como plataforma de mediación para los productos de la aseguradora.

Vemos que cada vez son más los casos de éxito de startups disruptivas en el sector asegurador, así que cabe preguntarse si las aseguradoras están preparadas para hacer frente a esta realidad. La respuesta es que no del todo. Algunas están dando ciertos pasos, como es el caso de Caser, que durante el año pasado creó y dirigió una incubadora digital, o de AXA, que ha llegado a un acuerdo recientemente con Blablacar para aumentar la cobertura del seguro que incluye asistencia en carretera y garantía de llegada al destino, daños personales del conductor, y protección legal.

En base a estos indicadores, toda aseguradora tradicional deberá tomar ciertas decisiones, que pueden dar lugar a fundamentalmente tres escenarios:

  1. Que la aseguradora continúe con su status quo, sin variar su modelo de negocio ni sus productos. El resultado a futuro seguramente sería la pérdida vertiginosa de cuota de mercado ante una competencia cada vez más adaptada a las nuevas formas de demanda, y un consumidor digital cuyos intereses no son respondidos por la empresa tradicional.

  2. Que decida transformar su modelo de negocio, creando nuevos productos y servicios que traten de evitar el crecimiento de las startups que han introducido dicho producto en el mercado asegurador. Esta vía, la de la competencia, permitirá a la aseguradora acometer una importante transformación digital, pero probablemente muy costosa y lenta, debido a que debe asumir por sí misma todo el esfuerzo de adaptación a las nuevas formas de demanda.

  3. Que decida aceptar la proliferación de startups como algo positivo para el sector, y decida colaborar con ellas. Las empresas emergentes podrán transformar de forma rápida y ágil un segmento muy concreto de la cadena de valor del mercado asegurador, pero es difícil que abarquen la cadena completa, que sustituyan el papel de la aseguradora tradicional. Estos casos son y probablemente continúen siendo muy aislados, por lo que las aseguradoras podrían optar por acometer su transformación digital no solo con esfuerzos internos, sino colaborando con startups que completen su cartera de productos y servicios, pongan a su disposición nuevos canales de venta, etc. Esta vía permite una transformación digital rápida y poco costosa en comparación a la anterior.