Hoy día, si a alguien se le pregunta acerca de los genios de la tecnología, muy probablemente se le venga a la mente nombres como el de Steve Jobs, Elon Musk, Mark Zuckerberg o Bill Gates. Ellos son conocidos como los “Leonardo Da Vinci” de la era actual.

Muchos desean parecerse a ellos, de hecho, de acuerdo con una encuesta reciente de Educa 20.20 y Fundación Axa, realizada por Gad3, los adolescentes españoles –desde los 16 hasta los 19 años–, independientemente de su género ante la pregunta abierta “¿A qué personaje público te gustaría parecerte de mayor?” se encuentra Steve Jobs entre los cinco primeros puestos, y en el caso de los chicos, Elon Musk aparece en el quinto.

Fuente: El País

Pero, ¿Qué es lo que hace que sean diferentes a la media? Si nos fijamos bien, tienen características similares a las de Leonardo Da Vinci: personas adelantadas a su tiempo, que además con sus ideas han cambiado –y siguen tratando de– cambiar el mundo de una forma u otra. Consiguieron en su momento identificar ansiados “océanos azules”, en el mundo tan competitivo en el que vivimos, fueron capaces de leer las necesidades del mercado y transformarlas en productos o servicios.

No sólo eso. Estos personajes únicamente no venden un producto, su marca va mucho más allá. En el caso de Elon Musk, por ejemplo, vende una historia de ciencia-ficción con los proyectos de Tesla, SolarCity, SpaceX, NeuroLink y The Boring Company: Viajes a Marte, cerebros conectados a máquinas, túneles inmensos bajo Los Angeles, coches eléctricos que frenen en cambio climático –y, por tanto, salven al mundo–.

Una idea que responda a los sueños de la gente es muy poderosa, no son pocos los que han soñado con las ideas de Musk de recorrer el espacio en una nave. La ciencia ficción es muy antigua, y algunos de los proyectos presentados por estos Leonardos ya los idearon genios de la ciencia ficción. Es el caso de Isaac Asimov, conocido escritor de ciencia ficción y científico del siglo XX, que predijo grandes avances de Internet que en esa época sólo podía ocupar un lugar en sus libros de ciencia ficción.

Además, también es conocido por sus libros sobre robótica, siendo pionero en poner en las mentes de sus lectores el robot tal –una de sus obras más conocidas fue “Yo, Robot”, publicada en 1950–  y como lo conocemos y fundó las leyes de la robótica.

Entonces, ¿Qué diferencia a Asimov de Musk? Podríamos decir que los “Leonardos” pueden agradecerle a este escritor y a muchos otros de ciencia ficción la semilla de la Inteligencia Artificial, las naves espaciales o el mundo interconectado por máquinas. Pero no sólo se reduce a tener grandes ideas, sino en desarrollarlas, llevarlas a cabo de una forma inteligente en el momento adecuado y la forma adecuada.

Personajes como Musk o como Jobs decidieron dar un paso más y tratar de convertir la fantasía en realidad, realizando las estrategias necesarias. Ahí es donde entra una lectura del mercado, la prospectiva, previsión y los pasos a seguir para hacerse un hueco y darse a conocer. En resumen, es donde entraría la Inteligencia Competitiva (IC).

De acuerdo con el libro “The Confidence Game” escrito por la psicóloga Maria Konnikova “La genialidad –de estas personas– yace en descubrir, precisamente, lo que queremos, y en presentarse a sí mismos como el vehículo perfecto para alcanzar esos deseos”.

Con esto no queremos decir que alguno de estos Leonardos sean analistas de inteligencia, ni que utilicen una metodología específica. Para empezar, el concepto de IC es bastante reciente. Concretamente del año 1967, apareciendo bajo el nombre “Inteligencia Económica” en la obra de Harold Wilensky “L’intelligence organisationnelle”, por lo que cuando Jobs comenzó Apple lo más probable es que ni lo conociera.

A Jobs le preguntaron una vez qué estudio de mercado había hecho para el Mac a lo que respondió “¿Acaso Graham Bell había hecho alguno al crear el teléfono?”. No le faltó ni un ápice de razón, pero hoy día con la cantidad de empresas de telefonía que existen, quizás Graham Bell hubiera contratado a una unidad de análisis.

Además, no todo fue coser y cantar. Para empezar, el Apple III fue un fracaso, al igual que Apple Lisa. El primero dio muchos problemas a nivel técnico y el Lisa, a pesar de que las prestaciones que tenía eran muy superiores a la media de la época, siendo una maravilla tanto en diseño como en sus características, Jobs arriesgó todo en este producto, resultando ser demasiado caro como para que el cliente pudiera permitírselo en la época. El error dio lugar a grandes pérdidas en Apple que puso en peligro a la compañía.

De hecho, su mayor competidor, Bill Gates sí que realizó un estudio de mercado. Cuando descubrió la idea de Jobs acerca de agregar un ratón a la pantalla de ordenador y llenarla de iconos para hacer su uso más intuitivo, decidió visitarlo. Colaboraron y fruto de ello nació Microsoft Word y Excel, y posteriormente, al denegar Jobs la idea de que Apple fuera compatible para cualquier otro sistema, creó el manejo del ordenador mediante ratón y ventanas, es decir, creó Windows fruto de la monitorización de sus competidores, muy bien recibido por los usuarios que ansiaban un sistema intuitivo como el Macintosh de Apple pero no más económico: Gates supo responder a estar necesidades y se impuso en el mercado.

Por tanto, ya se sabe que ni es suficiente tener una idea –como el caso de Asimov– ni de fabricar el producto por muy bueno que sea: Hay que ir más allá, es necesario detectar necesidades, nichos de mercado, idear una nueva forma de hacer las cosas, en definitiva, resulta vital diferenciarse. Muchos de ellos se han focalizado fundamentalmente en eso último, y para ello han tenido que ingeniárselas para leer el mercado y las necesidades del cliente a la hora de crear sus productos, lo que les aproxima a la IC.

Además, una empresa es como cualquier ser vivo. Nace, crece, se reproduce y, a veces, lamentablemente muere. Cuando eres líder de tu sector como es el caso de las empresas de los Leonardos –Compañías que han tocado la cima–, las prioridades empresariales son diferentes a cuando acabas de empezar. La primera de ellas, es mantenerse siendo líder, que en muchas ocasiones no es fácil y más en determinados sectores como el tecnológico con la cantidad de startups que están surgiendo; monitorizar el sector, a tus competidores y a tus futuros clientes que van cambiando sus necesidades se convierte en algo tan necesario como comer o respirar para un ser vivo.

Pero, también aparece otra necesidad, que es la de “reproducirse”. Es decir, a nivel empresarial cuando estás en lo más alto empiezas a abrirte a otros sectores. Ejemplo de ello es Google, que a pesar de que podría haberse quedado meramente como buscador, la empresa no ha dejado nunca de innovar o tratar de acceder a otros mercados, marcado en parte por el carácter de sus fundadores.

Larry Page y Servey Brin iniciaron Google en la universidad, aunque entonces tenía el nombre de BackRub. Se propusieron diseñar un sistema de organización diferente, donde la jerarquía de las páginas web se basaría en la cantidad de enlaces entrantes: cuantos más tuvieran, mayor sería el puesto.

No contentos con eso, Google ha apuntado a miles de sectores distintos. Desde la telefonía con sus dispositivos smartphones como el Nexus, ha invertido en grandes tendencias como la Inteligencia Artificial (IA) –Alphabet de Google–, el Internet de las Cosas, reflejado por ejemplo en su Google Home, etc. No sólo se ha caracterizado por la innovación, sino que también por las compras de empresas, como la de KeyHole en 2004 que impulsó la creación de Google Earth y Google Maps. Otra gran compra fue la de YouTube en 2006, pero de las más destacadas fue Android, su sistema operativo para smartphones. Productos y empresas que han cambiado la forma en el que se desarrolla nuestra vida diaria ¿Azar? No: Cada movimiento está analizado y documentado.

Hay que tener en cuenta que ellos, en su afán por aumentar los productos y servicios, acaban “pisándose” los sectores. Por ejemplo, no sólo Google está interesada en Inteligencia Artificial, también Apple, Facebook o la empresa de Elon Musk, Neuralink. Están invirtiendo en ello aunque cada una con sus peculiaridades y diferencias, el caso de Zuckerberg y Musk, que recientemente ha sido muy sonado refleja estas diferencias en el sector: Para Musk, la IA será una de las mayores amenazas de la humanidad.

La Inteligencia Artificial es uno de esos raros casos en los que es necesaria una regulación proactiva en vez de reactiva. Es uno de los mayores peligros a los que nos enfrentaremos como civilización”, ha asegurado en el pasado.” Declaró en una ocasión Musk.

Mientras, Zuckerberg se muestra mucho más optimista, esperando grandes transformaciones a nivel de salud y transporte –Aunque su compañía se ha visto obligada a desconectar dos robots que habían creado un lenguaje propio e ininteligible para los humanos–.

Otro ejemplo, es el de Apple que se ha acercado al mercado de los wearables o, al igual que Google, también está invirtiendo en vehículos autónomos. El sector financiero es otro de los que más se ha popularizado, ya que las grandes compañías se están introduciendo en los medios de pago alternativos como el pago móvil. Ya existe el “Amazon Pay”, “Android Pay”, “Apple Pay” por lo que hay una lucha de titanes en este mercado y en otros muchos.

La necesidad propia de mantenerse en lo alto, continuar fidelizando a los clientes y seguir innovando ha llevado a todos estos Leonardos a la IC, como posible método de supervivencia en el mundo competitivo. Ya que, al final, estas grandes empresas no hacen más que pugnar y realizar movimientos estratégicos en un gran tablero, tratando al mismo tiempo mantener sus reinados como líderes o referentes en distintos sectores y no dejar de lado ningún nuevo mercado emergente que entre dentro de sus planes, y compitiendo por un pedazo del pastel, que cada uno tratará de diferenciar de la competencia.

Se desarrolla una guerra al más puro estilo “Juego de Tronos”, donde cada movimiento es estudiado, y no se puede dejar a la voluntad ningún movimiento que realice el enemigo por pequeño o ingenuo que parezca. Dejar de preguntarse por qué la otra parte hace lo que hace, y no responder a las 5w+h puede suponer perder la cabeza –o al menos algún miembro– por haber dejado de monitorizar a la competencia, y no haberse establecido un correcto plan de Inteligencia Competitiva.