La biometría es una de las tendencias que más atención está teniendo últimamente –Prueba de ello es el nuevo iPhone X, que es capaz de desbloquearse mediante el rostro del usuario–. Se comenzó a ver en dispositivos inteligentes en 2007, pero se vieron sustituidos por el código PIN de 4 dígitos, que tuvieron un ‘boom’ en 2013. Esto no resultó demasiado sorprendente, ya que existía y existe actualmente una clara desconfianza a la hora de utilizar soluciones biométricas; muchos usuarios se sienten inseguros todavía.

Tal y como se muestran en las estadísticas, el mercado de smartphones es el que más ha adoptado la tendencia biométrica. Aunque también parece que se abrirá camino durante el próximo año, superándolo el mercado de Wearables, hasta que en 2020 estén completamente integrados en ambas, además de en otros dispositivos como tablets.

La cantidad de dispositivos en los cuales esta tecnología puede hacerse hueco, así como el crecimiento del hardware biométrico, puede crear un ecosistema amenazante. Ya que, ante tal oferta, los desarrolladores no sabrán distinguir que hardware es confiable. Aun así, los algoritmos empleados para la biometría suelen ser muy complejos, y miden múltiples puntos para lograr distinguir a una persona de otra, o de saber determinar si es una persona realmente.

En el caso de Apple, su nuevo sistema de identificación facial, con el que pretende no sólo que la persona pueda desbloquear su móvil con el rostro, sino que también pueda pagar mediante Apple Pay o comprar en la App Store, detecta nada más y nada menos que 30.000 puntos de medición a través de su cámara frontal True Depht. Así, el sistema es más seguro gracias a todos los patrones que analiza.

A pesar de esto, el sistema no parece convencer del todo a los usuarios de iOS, ya que, de acuerdo con Juniper Research el 40% de las personas que usan iOS consideran poco probable utilizar el Face ID, debido en parte a la preocupación por la seguridad, y en una predilección hacia otros métodos biométricos, como la identificación de la voz o de las huellas dactilares.

Además, aunque aparentemente parece que el control de seguridad de Apple es efectivo, todo sistema biométrico está expuesto a un riesgo, ninguno es infalible y, en ocasiones, hasta que no llegan al mercado no se puede comprobar completamente su seguridad. Ejemplo de ello es el Galaxy S8, al no ser capaz de reconocer imágenes 3D, con una fotografía del usuario se podía vulnerar el sistema.

Y en ocasiones, aunque el sistema sea capaz de diferenciar la imagen 3D de la 2D, no analiza suficientes patrones. Así fue el caso de Hello de Microsoft, cuando un laboratorio alemán reprodujo el rostro del usuario en yeso con el cual pudo esquivar su sistema de seguridad.

Aun así, esta tecnología avanza cada vez más y se va perfeccionando y diversificando. Por ejemplo, Samsung también ha buscado innovar en este mercado. Su parte del cuerpo escogida ha sido la palma de la mano. Al contrario que Apple, esta biometría no busca el desbloqueo automático del dispositivo o la autorización de una actividad, sino que está pensada para ayudar al usuario a recordar alguna contraseña, mostrándole una pista a través del análisis de las líneas de la palma de la mano gracias a su cámara frontal.

Esto se debe a que en ocasiones las pistas para recordar las contraseñas son demasiado evidentes, por lo que es una vía más segura de acceder a ella. Además, estas pistas estarían repartidas por la cámara, evitando que personas alrededor del usuario puedan verla de forma sencilla.

Las empresas parecen estar luchando por sacarle el máximo partido a los marcadores biométricos de los usuarios. Ya se está investigando incluso que el latido del corazón pueda servir como contraseña, con los avances de Cardiac Scan, ya que, tal y como afirma el autor de este estudio Wenyao Xu: “No hay dos corazones idénticos. Y los corazones de las personas no cambian de forma, a menos que sufran una enfermedad cardíaca grave“.

La tendencia tiene diferentes usos y se desenvuelven en varios sectores. Fujitsu, por ejemplo, utiliza los patrones de las venas de la mano para llevar a cabo una labor benéfica. El proyecto Childmiss, de la ONG Itwillbe.org crea una base de datos de menores de la India gracias al sistema biométrico de Fujitsu y los datos del oxígeno en sangre recogidos por el mismo. El objetivo es ayudar a concienciar al gobierno del número de niños que duermen en la calle, para que vean datos transparentes de esta problemática.

Otro sector donde el interés es muy claro es en el bancario. Resaltar la labor de MasterCard, que el pasado año lanzó la “MasterCard Identity Check”, que se basa en el escaneo de la huella dactilar o el reconocimiento facial para verificar la titularidad de una tarjeta. Se estima que esto podría hacerle ganar a la compañía un 45% más en los próximos dos años. También el banco británico con sede en Hong Kong HSBC permite a sus clientes chinos realizar pagos mediante una app de reconocimiento facial.

En el ámbito sanitario, uno de los avances más llamativos es el de la empresa Epic Health, que con su Epic Health App mide los niveles de glucosa en sangre de las personas diabéticas sin necesidad de pinchazos.

Además, al poseer un componente de identificación y patrones individuales y únicos para cada sujeto, las medidas biométricas en el ámbito de la salud, pueden ser susceptible de combinarse con otros avances tecnológicos actuales como la tecnología blockchain. En el campo sanitario mucho se ha hablado de la posibilidad de desarrollar modelos de expedientes médicos basados en el blockchain capaces de aportar la información del paciente de forma fácil y rápida. Todo ello podría adquirir un nuevo nivel al considerar las medidas biométricas y su aplicación en distintas pruebas diagnósticas, tanto en las pruebas de imágenes al reconocer patrones concretos por ejemplo en una radiografía, un TAC o una resonancia magnética; como en pruebas tipo electroencefalogramas o electrocardiogramas entre muchas, aportando un análisis biométrico a las distintas pruebas que se hagan al paciente e incluyéndolo al mismo tiempo en su expediente médico desarrollado gracias a la tecnologia del blockchain.

Por otro lado, para el mercado asegurador también puede ser valioso. La identificación de algunos patrones como el latido del corazón puede revelar si la persona presenta alguna enfermedad, o mediante el análisis ocular conocer algunos datos como el nivel de bilirrubina, por ejemplo, o el consumo de determinadas sustancias. A través de esta información la aseguradora puede ajustar las pólizas y hacerlas más personalizables dependiendo del estado de la persona.

A medio corto plazo, la biometría parece estar dirigiéndose a un marco más de identificación relacionada con la seguridad, como es el caso del desbloqueo de dispositivos inteligentes. También, este sistema podría utilizarse a la hora de controlar la hora de entrada y salida de los empleados de una empresa, así como, permitirle la entrada a determinadas salas y acceso a servicios mediante sus marcadores biométricos. Esto último podría servir también en las Smart Homes, de modo que mediante biometría la persona pueda prescindir por ejemplo de las llaves de su casa.

Pero, se necesitarán otras medidas de seguridad, ya que, por ejemplo, la identificación de cara puede no ser efectiva si el usuario por ejemplo sufre alguna modificación en el rostro –pongamos, un accidente–. Además, al estar todavía en duda su fiabilidad, el propio cliente demandará que exista esa alternativa.

Además, hay algunas dudas todavía no sólo a nivel de seguridad sino legislativo. Existen iniciativas internacionales que pretenden establecer una red de países entre los que compartir datos biométricos, en primera instancia con la finalidad de desarrollar unos mecanismos de seguridad, especialmente enfocados a las medidas contra el terrorismo. Un sistema biométrico desarrollado sería capaz de detectar individuos concretos entre una multitud rápidamente, lo cual facilita muchas veces la actuación de las fuerzas y cuerpos de seguridad. También se podría aplicar en los casos de desapariciones de personas, como niños o dependientes, en lugares abarrotados.

En esta misma línea vemos países como Australia ha optado por compartir datos biométricos de sus turistas con otros cuatro países –Nueva Zelanda, Canadá, Gran Bretaña y EE.UU.– en el programa de inteligencia denominado Five Eyes, que, aunque tiene su origen en cuestiones relacionadas con la seguridad, también se ha manifestado la intención de buscar más oportunidades en ese intercambio de datos entre distintos países. La posibilidad de compartir estos datos más allá de la seguridad, y poder aplicarlos al comercio, por ejemplo, podría brindar nuevas posibilidades para la publicidad.

A largo plazo, los marcadores biométricos podrían ayudar a identificar a los clientes más comunes en una tienda, por ejemplo. Lo que podría dar pie a ofrecerle a ese cliente habitual ofertas personalizadas. Imaginemos todo un centro comercial en unas décadas, equipado con capacidades de detección biométrica. Lo que hasta ahora podía servir para controlar niños perdidos, puede cambiar su estrategia e identificar a usuarios según se mueven por esta galería comercial que planteamos.

Ya no serían individuos temporales, las tiendas podrían saber si un cliente ha pasado por allí más veces y que patrones de consumo están asociados a esa medida biométrica del sujeto. Con los datos biométricos compartidos, el escáner podría saber que ese sujeto ya tiene un nombre, un género, una edad concreta y hacer uso de una publicidad personalizada, pasando de ser el cliente 2611, al cliente “Miguel García”, que anteriormente compro determinados productos, ofreciéndole una personalización en su consumo o que oferta concreta se le podría anunciar a este individuo especifico.

Finalmente, se podría concluir que los patrones biométricos pueden dar mucho de sí, diversificando su uso más allá de la seguridad y adoptándolo en diferentes industrias, ya que, no se puede negar que los marcadores biológicos y conductuales que identifican al individuo son datos valiosos para las empresas.