CONSIDERACIONES PREVIAS


  • Estamos en una era de innovación urbana inteligente y urgente, y tenemos que ser conscientes de que la vida urbana tal y como la conocemos no durará mucho tiempo.
  • El crecimiento de la población y la disminución de los recursos están impulsando las migraciones masivas a las ciudades, y las infraestructuras actuales son incapaces de anticiparse y adaptarse a las consecuencias, y mucho menos de lograr ambientes de vida óptimos y equitativos a largo plazo.
  • Pero para todo hay una solución, y en este caso la solución se llama Smart Cities o ciudades inteligentes, las cuales tendrán la capacidad de abordar los problemas tradicionales con incisión basada en datos, información sacada de innumerables sensores, interacciones y comportamientos.
  • Hay numerosos beneficios económicos asociados a este cambio tecnológico. Según datos, las tecnologías de ciudades inteligentes en todo el mundo podrían generar más de $20 billones de dólares en beneficios económicos adicionales en la próxima década.
  • Sin embargo, hay un lado oscuro en estas ciudades inteligentes que no puede pasar desapercibido.

A medida que el mundo se vuelve cada vez más interconectado y depende de la tecnología, una nueva ola de aplicaciones inteligentes está cambiando la forma en que se abordan las actividades más cotidianas.

Los dispositivos como los frigoríficos inteligentes, los asistentes personales como Alexa o las aplicaciones de seguridad inteligente para el hogar de Amazon crean oportunidades para una vida más eficiente.

Y en este punto es donde también entran las Smart cities o ciudades inteligentes, las cuales son el resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad.

Estas ciudades aplican las nuevas tecnologías para gestionar desde el correcto funcionamiento de los sistemas de transporte público y privado, hasta el uso eficiente de los recursos energéticos o hídricos, pasando por los planos de protección civil, o aspectos socio-económicos, como la vitalidad de los espacios públicos y del tejido comercial, o la comunicación de incidencias a habitantes y visitantes.

¿Y CÓMO ESTÁ EL MERCADO?


El mercado global de las Smart Cities sigue creciendo, y se espera que alcance los 717,2 mil millones de dólares para 2023, expandiéndose a una tasa compuesta anual del 18,4% de 2018 a 2025.

Fuente: Markets and Markets

Actualmente, las ciudades más inteligentes del mundo son Nueva York, Singapur y San Francisco. Sin embargo, las ciudades chinas de Shenzhen, Pekín y la capital de Corea del Sur, Seúl, están compitiendo por superarlas. Y es que, solo China ya cuenta con más de 500 proyectos relacionados con las Smart cities, la mitad del total mundial.

Una de esas iniciativas ya está en marcha en la ciudad oriental de Nanjing, la cual colabora con la compañía de software SAP con sede en Alemania para crear un sistema de tráfico inteligente.

¿Qué está pasando en España?

Por su parte, España ha invertido mucho en la transformación de sus principales ciudades en Smart cities. España, mediante la mejora de los sistemas de transporte, la participación ciudadana, el impacto ambiental y la educación a la ciudadanía es hoy uno de los países europeos con más ciudades inteligentes o en proyecto de serlo.

En el ranking destaca la ciudad de Barcelona, cuyo estandarte de las Smart cities en España comenzó hace más de tres décadas, con la instalación de cables de fibra óptica para conectar dos edificios municipales. Actualmente, el Ayuntamiento utiliza asociaciones público-privadas para fomentar la innovación en áreas como el transporte, las tiendas, el alumbrado público y la monitorización ambiental. Barcelona se ha transformado en un laboratorio urbano, con proyectos piloto y servicios que hacen que la ciudad sea más abierta, eficiente y amigable.

La zona de innovación, conocida como el Distrito 22, ha sido elegida para la implementación de las soluciones inteligentes de Barcelona dentro del proyecto GrowSmarter. Este área ha experimentado ya la introducción de vehículos eléctricos e instalación de infraestructura de carga, la restauración de edificios actuales para crear bloques de energía cero e incluso la instalación de calefacción y refrigeración de distrito.

Ilustración de cómo sería una calle de una ciudad inteligente. Fuente: El Confidencial.

Los principales cambios, que la han llevado a ser ejemplo de las Smart cities en España y Europa, han sido en el ámbito de las TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación), la movilidad y el transporte, la eficiencia energética en edificios (servicios de construcción más eficientes), y la integración de sistemas energéticos (alumbrado público inteligente, calefacción y refrigeración urbana…)

Pero pese a que Barcelona es un gran ejemplo de Smart cities en España, no es el único. Muchas de las urbes dentro del territorio nacional están transformándose para ganar en eficiencia, ser más sostenibles y proporcionar experiencias de mayor calidad a sus ciudadanos. Por eso, al hablar de smart cities España, también hay que mencionar a San Sebastián, Valladolid, Vitoria-Gasteiz, Bilbao, Laguna de Duero, Eibar, Cáceres, Sestao, Santander, Burgos, Málaga, Valencia, Zaragoza o Madrid.

“El ejecutivo de España aprobó recientemente 188,3 millones de euros para un Plan Nacional de Ciudades Inteligentes”.

Actualmente, una gran mayoría de ciudades de España, sin importar cuán pequeñas sean, de alguna manera u otra están habilitadas para ser más inteligentes.

LA CREACIÓN DE LAS SMART CITIES


Si bien las Smart cities se han postulado como el futuro del urbanismo, la pregunta sigue siendo: ¿cómo se conecta esta nueva tecnología con la sociedad de manera “eficiente”?

El objetivo principal de las Smart cities es reunir infraestructura y tecnología para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y mejorar sus interacciones con el entorno urbano. Sin embargo, el primer paso es averiguar cómo pueden integrarse y usarse de manera efectiva los datos de áreas como el transporte público, los medidores de calidad del aire y la producción de energía.

El Internet de las cosas (IoT), podría tener algunas de las respuestas. Al crear una red de objetos capaces de realizar interacciones inteligentes, la puerta se abre a una amplia gama de innovaciones tecnológicas.

Fuente: Vecdis

Las PoC como factor clave

Para empezar la implantación de esta tecnología tiene que hacerse poco a poco, concienciando a la población de sus beneficios, pero también de sus peligros y estudiando y probando bien a fondo la tecnología antes de implantarla. Y aquí es donde entra en juego las PoC o prueba de concepto.

Estas pueden ser un catalizador perfecto para dar el primer paso, ya que permite que un equipo implemente una solución de automatización que trabaja con sistemas, aplicaciones, datos y procesos existentes en su entorno objetivo. Este proceso permite visualizar si una solución funcionará o no en los confines del entorno personalizado del negocio.

En las iniciativas de smart cities que incorporan una serie de partes interesadas, incluidas las autoridades gubernamentales, los proveedores de servicios públicos y los propios ciudadanos, es imperativo que se incorpore una fase piloto para garantizar un despliegue lo más fluido posible.

Y con el 65% de la población mundial proyectada para vivir en ciudades inteligentes para el año 2040, una PoC será vital para probar cómo las ciudades pueden usar la tecnología IoT (Internet de las cosas) para aprovechar múltiples beneficios medibles.

Como ejemplo para poder entender mejor este proceso está la presentación, recientemente, en el MWC Barcelona, de uno de los proyectos más innovadores del año pasado, la prueba de concepto de Smart City, un proyecto de colaboración entre Juniper Networks y CENGN. El cual muestra una completa infraestructura de red inteligente de extremo a extremo con una red de múltiples inquilinos controlada por ODL convergente, capaz de administrar numerosos proveedores de servicios que son operados dinámicamente por un solo administrador, “infraestructura como servicio” (Infrastructure as a Service).

Hacer el camino lógico

Las PoC son claves para una buena implementación de la tecnología, pero todavía queda trabajo para cambiar mentalidades, estructuras y procesos para que sea verdad, y no solo un reclamo publicitario, la ciudad sana y conectada.

Se han generado demasiadas expectativas mal gestionadas alrededor de las smart cities. Adoptamos la tecnología, pero no pensamos qué problemas había, qué tecnología estaba disponible, cómo se podía aplicar y con qué resultados”, afirma Fernando Tomás, consultor y gestor de proyectos de ciudades inteligentes en la consultora de arquitectura e ingeniería IDOM. Su diagnóstico es compartido por el planificador de innovación urbana en el Ayuntamiento de Zaragoza, Daniel Sarasa, el cual sostiene que “los consistorios disponen de más datos de los que pueden procesar” y reconoce que tienen poca capacidad analítica para transformarlos en información“.

Además muchos expertos consideran que harían falta más perfiles, además de los tecnológicos, para servir a este tipo de ciudades“Falta la visión de arquitectos, urbanistas y paisajistas que aporten valores y parámetros específicos”, defiende la arquitecta Belinda Tato, cofundadora de Ecosistema Urbano.

Por otro lado, los ciudadanos emiten, comparten y consultan datos, y cada vez pueden influir más en las decisiones de su ciudad, pero a pesar de eso, la participación está en una fase incipiente“Es fundamental, pero el sistema es precario, muchas veces inexistente y otras, ineficiente. Hay mucho recorrido para optimizar la información”, explicó Belinda Tato.

“Hay que buscar sistemas que permitan una conversación más fluida, que la gente vea que su opinión importa y que participar es un derecho y una responsabilidad”. 

Belinda Tato, cofundadora de Ecosistema Urbano.

EL LADO OSCURO DE LAS SMART CITIES


A pesar de los beneficios evidentes, los expertos advierten que, en todo el mundo, los ciudadanos no son conscientes del impacto que las iniciativas de ciudades inteligentes pueden tener en su privacidad personal.

Advierten que la tecnología inteligente también proporciona a los gobiernos y a sus agencias de aplicación de la ley herramientas poderosas para monitorizar a los ciudadanos, controlar su comportamiento y llevar la vigilancia a un nivel completamente nuevo.

Un caso que llama la atención es el de la ciudad-estado de Singapur, la cual se está esforzando en tener el primer plan de nación inteligente compuesto por más de 100.000 cámaras de CCTV en postes de luz, vinculadas al software de reconocimiento facial.

El gobierno afirma que se trata de una sistema que ayudará a atrapar a los infractores, a las personas que fuman en espacios prohibidos, y a combatir otras actividades ilegales, entre otros delitos. Sin embargo, este nuevo sistema colisiona con la privacidad de las personas y es que, cada vez más, la vigilancia se está produciendo no solo en áreas públicas, sino también en espacios privados.

Actualmente, la ciudad está asociada con la compañía de software francesa Dassault Systèmes para crear Virtual Singapore, un modelo y plataforma de ciudad en 3D que reúne todos los datos de la ciudad en tiempo real recopilados por los sensores y la cámara de la nación. Y permitirá al gobierno ampliar cualquier plano y escanearlo en busca de información: su tamaño, número de residentes, consumo de energía y más.

Hasta este momento, siempre se había hablado del efecto “Gran Hermano” en regímenes autoritarios, sin embargo, esta tendencia está cambiando. Ya que, incluso en los países democráticos donde las personas tienen derecho a protestar y a organizarse, la tecnología inteligente podría erosionar la capacidad de la gente para disentir.

Cada vez es más difícil proteger la privacidad en un mundo interconectado. Una forma de hacerlo es aumentar la transparencia, ofrecer capas de consentimiento y establecer reglas detalladas sobre la recopilación, el acceso y el uso de los datos. Aunque, es poco probable que este marco se convierta en una realidad en países más autoritarios.

¿Dónde reside el mayor riesgo?

Pero el miedo a la monitorización y al efecto “Gran Hermano” no es lo único que preocupa tanto a ciudadanos como a empresas, e incluso a gobiernos. Con sensores inteligentes y cámaras que detectan cada movimiento de los ciudadanos, y que recopilan grandes cantidades de datos, ¿qué sucederá si cae en las manos equivocadas, o los hackers secuestran la infraestructura inteligente?

Según datos hay alrededor de 8.485 millones de terminales conectados a Internet en el mundo, y se espera que se potencie en los próximos años. Además según datos de la Universidad de Glasgow hay 27 smart cities en el mundo, y se espera que ese número también aumente. Y es que a medida que estos datos aumenten y la implantación de tecnología en nuestras calles aumente, también lo hace la superficie de ataque para los ciberdelincuentes.

“Un pirata informático que controla un parquímetro inteligente puede ser muy molesto, pero un ciberdelincuente que se infiltra en una planta nuclear podría causar repercusiones catastróficas”.

Las amenazas potenciales para las ciudades inteligentes incluyen:

  • Control de los semáforos: un ciberdelincuente podría acceder a este servicio, provocando innumerables accidentes.
  • Vehículos autónomos: estos cuentan con una enorme cantidad de sensores y recogen muchos datos. Es el paraíso para estos criminales.
  • La red eléctrica: ¿qué sucedería si se colapsase una red eléctrica? Esta todavía no es una amenaza visible ya que en Europa la autogestión de la electricidad en los hogares no es una tendencia extendida pero sí que puede suponer un riesgo a largo plazo.
  • Suministro de agua: las ciudades inteligentes cuentan con sistemas que permiten controlar el flujo de agua y conocer si se ha producido alguna fuga. Una de las principales amenazas podría ser un corte en el suministro o un aumento de la presión del flujo o, incluso, un ciberdelincuente podría modificar los niveles aditivos químicos.
  • Cámaras de vigilancia: podrían utilizarlas para espiar a personas o los movimientos de un objetivo y así acceder a su información personal e imágenes.

¿LUZ AL FINAL DEL TÚNEL?


A pesar de todos estos problemas, las ciudades inteligentes siguen siendo un concepto demasiado bueno como para descartarlo por ser indefendible e inviable. Además, los nuevos desarrollos en la industria de la ciberseguridad garantizan que la Inteligencia Artificial (IA) ayudará a detectar y prevenir los ataques cibernéticos.

Simplemente hay que tener un mayor conocimiento sobre la tecnología que se está usando, tener una gestión centralizada de políticas y de supervisión, y utilizar un acceso seguro a dispositivos problemáticos a través de soluciones, por ejemplo, VPN.

También para poder combatir estos problemas es importante que los gobiernos se alíen con compañías tecnológicas de confianza y desarrollen un enfoque eficaz para abordar las preocupaciones asociadas.

BIBLIOGRAFÍA